Quejarte no cambiará nada si no aceptas tus propias respuestas

Quejarte no cambiará nada si no aceptas tus propias respuestas
Quejarte no cambiará nada si no aceptas tus propias respuestas

Quejarte no cambiará nada si no aceptas tus propias respuestas.

Quejarte no cambiará nada si no aceptas tus propias respuestas. ¿Y si ya sabes lo que tienes que cambiar… pero todavía no quieres aceptar tu propia respuesta?

Hay una pregunta que puede resultar mucho más incómoda que cualquier problema que estés viviendo:

¿Qué parte de todo esto depende de mí?

No es una pregunta cómoda porque nos obliga a dejar durante unos minutos el lugar desde el que solemos mirar muchas de las cosas que nos preocupan.

Es mucho más sencillo hablar de lo que hace mal nuestra empresa, de nuestro jefe, de la economía, de los políticos, de los clientes, de la falta de oportunidades, de nuestra pareja, de la situación del mercado o de la mala suerte.

Y algunas de esas quejas pueden ser completamente legítimas.

Hay situaciones injustas. Hay trabajos que desgastan. Hay decisiones que otros toman y que nos afectan. Hay circunstancias que no hemos elegido y que pueden complicarnos enormemente la vida.

Pero existe una diferencia enorme entre reconocer un problema y convertir la queja en nuestra forma habitual de relacionarnos con él.

Porque quejarte puede hacerte sentir mejor durante unos minutos.

Cambiar lo que estás viviendo requiere mucho más.

Requiere aceptar una verdad que a veces preferimos evitar: si aquello de lo que te quejas lleva meses o incluso años formando parte de tu vida y nada cambia, quizá ha llegado el momento de preguntarte qué estás haciendo tú al respecto.

La queja descarga.

La responsabilidad transforma.

Y no significan lo mismo.

Diversos enfoques sobre responsabilidad personal coinciden en una idea sencilla: asumir responsabilidad no significa pensar que todo lo que ocurre es culpa nuestra. Significa identificar qué parte sí está bajo nuestra capacidad de decisión y actuar desde ahí.

Ese matiz puede cambiar completamente la conversación que mantenemos con nosotros mismos.

Porque decir “esto me está pasando” es una descripción.

Decir “¿qué puedo hacer yo a partir de ahora?” ya es una decisión.

Y ahí empieza algo diferente.

Tal vez tu queja ya contiene la respuesta. Quejarte no cambiará nada si no aceptas tus propias respuestas.

Piensa por un momento en aquello de lo que más te quejas últimamente.

Quizá dices que trabajas demasiado y apenas tienes tiempo para ti.

Quizá sientes que tus ingresos no crecen al mismo ritmo que tus gastos.

Quizá llevas demasiado tiempo esperando una oportunidad profesional que nunca llega.

Quizá sabes que quieres hacer algo diferente, pero siempre encuentras una razón para aplazarlo.

“Ahora no es el momento.”

“No tengo tiempo.”

“No sé por dónde empezar.”

“Con la situación que hay, es imposible.”

“Ya lo intentaré más adelante.”

Y entonces pasa un año.

Después, otro.

Y un día descubres algo inquietante: sigues teniendo exactamente la misma conversación contigo mismo.

El problema quizá no sea que no conozcas la respuesta.

Quizá el problema sea que no quieres aceptar lo que esa respuesta implica.

Porque aceptar una respuesta también significa aceptar que después tendrás que tomar una decisión.

Y decidir siempre tiene un precio.

A veces es salir de una zona conocida.

A veces es aprender algo que todavía no sabes hacer.

A veces es reconocer que necesitas ayuda.

A veces es empezar desde cero.

Y otras veces significa simplemente dejar de esperar que alguien venga a cambiar una situación que, aunque no hayas creado tú, sí puedes empezar a modificar.

La responsabilidad personal no consiste en castigarte por lo que no has hecho.

Consiste en recuperar tu capacidad de decidir qué haces a partir de ahora.

Por eso resulta tan poderosa.

Porque mientras la culpa mira hacia atrás, la responsabilidad mira hacia delante.

Mientras la queja pregunta “¿por qué me pasa esto?”, la responsabilidad empieza a preguntar “¿qué voy a hacer con esto?”.

Y esa pequeña diferencia cambia el papel que ocupas en tu propia historia.

Dejas de ser únicamente espectador.

Empiezas a convertirte en protagonista.

No porque puedas controlar todo.

No puedes.

No controlas la economía, las decisiones de otras personas, los cambios del mercado ni todas las circunstancias que aparecen en tu camino.

Pero sí puedes decidir qué aprendes, qué habilidades desarrollas, a quién escuchas, qué conversaciones mantienes, qué oportunidades exploras y qué pasos estás dispuesto a dar.

La clave no es eliminar todas las quejas.

Eso sería poco realista.

La clave es no convertirlas en residencia permanente.

Un artículo de Arata Academy plantea precisamente esa diferencia: no se trata simplemente de dejar de quejarse, sino de sustituir progresivamente la queja por acción y dirigir la atención hacia aquello sobre lo que sí podemos intervenir.

Porque incluso una queja puede ser útil.

Puede ser una señal.

Puede decirte que estás cansado.

Que necesitas cambiar algo.

Que quieres más tiempo.

¿Qué deseas aprender?

Que necesitas independencia.

Que hay una parte de tu vida que ya no encaja con la persona en la que te estás convirtiendo.

El problema aparece cuando escuchas la señal una y otra vez… pero nunca haces nada con ella.

Y entonces la queja deja de ser una alarma.

Se convierte en una rutina.

Hay personas que llevan años esperando sentirse preparadas. Quejarte no cambiará nada si no aceptas tus propias respuestas.

Aquí es donde aparece una reflexión especialmente importante cuando hablamos de emprendimiento.

Emprender no empieza necesariamente cuando creas una empresa.

Ni cuando tienes un logo.

Ni cuando abres una cuenta profesional en redes sociales.

Ni siquiera cuando empiezas a vender.

En muchos casos, emprender empieza mucho antes.

Empieza cuando decides que no quieres limitar todas tus posibilidades a una única fuente de ingresos.

Empieza cuando comprendes que necesitas desarrollar nuevas habilidades.

Empieza cuando dejas de preguntarte únicamente “¿qué empleo puedo conseguir?” y empiezas a preguntarte “¿qué valor puedo crear?”.

Empieza cuando decides aprender sobre ventas, comunicación, tecnología, liderazgo, creación de contenido, relaciones, gestión del tiempo o construcción de una comunidad.

Y, sobre todo, empieza cuando aceptas que nadie va a venir a construir por ti la vida que tú quieres vivir.

Eso no significa abandonar mañana tu trabajo.

Tampoco significa asumir riesgos sin analizar.

Significa empezar a construir alternativas mientras todavía tienes margen para hacerlo.

Porque quizá esa sea una de las mayores trampas de la queja: nos hace creer que primero tiene que cambiar nuestra situación para que nosotros podamos cambiar.

Y muchas veces ocurre exactamente al revés.

Primero cambia tu manera de actuar y, con el tiempo, empiezan a cambiar tus posibilidades.

Puede que no suceda rápidamente.

Puede que el primer paso sea pequeño.

Puede que durante un tiempo nadie lo entienda.

Pero una persona que empieza a aprender, a relacionarse con personas diferentes, a explorar nuevas posibilidades y a construir nuevas capacidades ya no está exactamente en el mismo lugar que hace un año.

No porque haya tenido suerte.

Porque ha tomado decisiones.

Y eso es lo que me interesa especialmente de esta conversación.

No decirte que dejes de quejarte.

Sino preguntarte algo mucho más profundo:

¿Qué te está intentando decir aquello de lo que llevas tanto tiempo quejándote?

Tal vez estás reclamando más tiempo.

Tal vez estás reclamando más libertad.

Tal vez estás reclamando más ingresos.

Tal vez estás reclamando más reconocimiento.

Tal vez estás reclamando una vida profesional que tenga más sentido para ti.

Escucha esa queja.

Pero después hazte una segunda pregunta:

¿Qué estoy dispuesto a hacer para acercarme a aquello que estoy reclamando?

Ahí comienza el cambio.

No cuando desaparecen los problemas.

No cuando llega el momento perfecto.

No cuando desaparece el miedo.

Cuando decides actuar a pesar de todo eso.

Y quizá por eso una conversación sobre emprendimiento no debería empezar hablándote de un producto, de una empresa o de una oportunidad.

Debería empezar hablando de ti.

¿De dónde estás?

¿De dónde quieres estar?

¿De qué estás dispuesto a aprender?

¿Y qué ocurriría si durante los próximos doce meses, en lugar de repetir las mismas quejas, utilizaras parte de esa energía para construir una alternativa?

Yo no puedo decirte cuál tiene que ser tu respuesta.

Eso te corresponde a ti.

Pero sí puedo compartir contigo lo que estoy aprendiendo, cómo estoy construyendo mi propio proyecto y por qué considero que explorar una vía de emprendimiento puede ser una conversación interesante para determinadas personas.

Sin promesas.

Sin presión.

Sin necesidad de decidir nada en el primer contacto.

Primero hablamos. Después decides.

Porque quizá no necesitas otra frase motivacional.

Quizá necesitas una conversación que te ayude a mirar de frente esa respuesta que llevas tiempo evitando.

Y si quieres abrir esa conversación conmigo, escríbeme por privado la palabra CAMBIO.

No para venderte nada.

Para hablar.

Porque quejarte puede explicar dónde estás.

Pero solo tus decisiones pueden empezar a cambiar hacia dónde vas.

Y ahora te dejo una pregunta:

¿Qué es eso de tu vida profesional de lo que llevas demasiado tiempo quejándote… pero todavía no has decidido cambiar?

CAMINOEMPRENDER

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José Aguirregabiria Vive en: Madrid, España Móvil: 625 136 836 Email: jose@caminoemprender.com Web:: caminoemprender.com Biografía Asesor independiente y fundador de Proactiva Dos Aguas S.L, . Mi dilatada experiencia como emprendedor ha hecho que por vocación me dedique actualmente a prestar asesoramiento a todas aquellas personas que deseen emprender con el objetivo de orientar su motivación hacia el éxito.Con una relación de ganar , ganar en el desarrollo del negocio .

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